Naturaleza y ser de un líder

in Sin categoría , by Alejandro Molina

“Ser poderoso es como ser mujer. Si le tienes que decir a la gente que lo eres, entonces no lo eres.”   Margaret Thatcher

Recuerdo que en mis tiempos de estudiante, existía en la primaria una figura de autoridad denominada “Representante de Grupo”, éste era el responsable de mantener el orden en el salón mientras el profesor no estaba y no había alumno que no aspirara a estar en su lugar; sin embargo, el grupo de candidatos al puesto se reducía a un selecto grupo de alumnos con características particulares que sobresalían del común del grupo. Posteriormente, llegué a la universidad donde curiosamente me encontré con una figura similar, ésta se llamaba “Representante de carrera” o “Consejero Estudiantil”, nuevamente representada por alumnos con buen historial académico, así como conducta y reputación intachable.

A algunos años de haber culminado mi primera etapa de estudiante, me doy cuenta de que aquellos niños que cumplían un rol en el salón de clases, hoy son brillantes profesionistas con tareas que implican grandes responsabilidades trabajando para importantes organizaciones. El análisis de estos acontecimientos cíclicos me lleva a una inminente pregunta… ¿El líder nace o se hace?

Mi respuesta inmediata es “el líder nace”. Sin referirme al momento del parto, creo que sí es probable la existencia de alguna cuestión genética que, aunada a la educación, detone a un líder desde las primeras etapas de su vida.

Por otra parte, existe algo que llamo “el detonador”; éste integra momentos, sentimientos, creencias, personas que nos ayudan a generar un cambio dentro de nosotros mismos para dar nacimiento a ese nuevo ser, a ese líder que yacía en nuestro ser. Al día de hoy no se puede hablar de un estándar que determina cuándo se activa éste; en ocasiones es necesaria una crisis que te enfrente al mundo real y te permita darte cuenta que no todo es color de rosa para tomar la determinación de tomar al toro por los cuernos y darle la cara al reto de ser un líder que no se deja llevar por la situación, por el contrario la maneja hacia el rumbo que defina con objetivos claros y precisión en la conducción hacia ellos.

Una vez que el líder nace, podemos identificar cuatro principales características que lo definirán en su actuar del día a día:

* Focalizan su energía al desarrollo de su potencial: identifican fortalezas y debilidades en su persona que pueden mejorar o minimizar según sea el caso.

* Identifica el potencial de los demás: aprende a detectar el talento de otros y los impulsa hacia su desarrollo.

* Promueve alianzas positivas: reconocer y se acerca a las personas que agregan valía.

* Es flexible y se ajusta a los cambios: entiende el entorno y los cambios que presenta el mismo, no va en contra de la marea, sólo ajusta las velas para seguir navegando.

Sandoval, N. (2015) “Los líderes detrás de las empresas exitosas”. Seminario web

A estas características y como interpretación personal, me gustaría agregar que el líder es amoral. Muchas veces relacionamos el término líder con la figura de una persona exitosa que vive en la continua búsqueda de aportaciones positivas para la organización, en este sentido me vienen a la mente personalidades como Steve Jobs, Nelson Mandela o los CEO más importantes de las grandes corporaciones; pero casi nunca pensamos en el otro lado de la moneda, personajes como Adolfo Hitler, Mussolini, Joaquín Guzmán Loera, etc. En un análisis de los anterior, ambos polos (luz y oscuridad) comparten las mismas características, sólo que enfocadas hacia diferentes rutas o motivos.

Finalmente, los invito a reflexionar el mensaje que nos regaló Thatcher: -Cuando se es un líder, no existe la necesidad de decirlo, sabrás exactamente quién es y quién tiene la capacidad de serlo, el líder existe por sí mismo. Tengo la suerte de conocer a muchos líderes en potencia y a otros que ya despegaron hacia el camino del éxito. ¿Tú conoces a un líder? ¿Te crees capaz de serlo? ¿O ya estás en ese rumbo?

 

En este mundo de la comunicación vivo yo… ¿y tú?

in Sin categoría , by Noemí Sandoval y Pilar Estrada

Cada vez que escucho hablar de comunicación, me encuentro con un fascinante mundo que encierra una diversidad de conceptos y prácticas que rara vez se logran entrelazar entre ellos debido a las múltiples propuestas que cada experto o empresa adoptan para dar solución a las diferentes necesidades de comunicación y difusión. La comunicación puede ser un concepto muy sencillo en la teoría pero que puede resultar tan complejo al llevarlo a la práctica en cualquier contexto; personal, organizacional, social o comercial, debido al gran número de opciones que existen para hacer llegar nuestro mensaje a los diferentes grupos que deseamos impactar.

Anthony Robbins decía: “Para comunicarse de manera efectiva, debemos darnos cuenta que todos somos diferentes en la forma en que percibimos el mundo…”. La frase anterior puede sonar a algo muy repetitivo pero si lo llevamos a un campo profesional representa uno de los grandes retos de la comunicación, entender las características y necesidades específicas de nuestros interlocutores nos permite generar una comunicación acorde a sus expectativas y a la vez más significativa para ellos.

En un análisis profundo de esta última aseveración, las primeras preguntas serían: ¿cómo decodificar a mi interlocutor? ¿cómo hacer significativo un mensaje?; y uniendo ambas, ¿cómo hacer que el esfuerzo de comunicación impacte a un grupo y sea significativo?. Lo primero sería abrir nuestros sensores a observar, analizar y evaluar, cual es el adhesivo cultural en el caso de los grupos, que creencias comparten, que significados convergen en los símbolos que los manifiesta como grupo y a partir de esto, se desarrolla un mensaje provisto de elementos de su propia cultura. Desde mi punto de vista, el éxito de la comunicación actual consiste en encontrar la combinación exacta de medio, canal, formato y mensaje que confieran sentido al público que deseamos enamorar.

Siguiendo con los mensajes significativos, es importante considerar más allá de las características demográficas, que recibimos, aprendemos y construimos nuevos aprendizajes a través de nuestros cinco sentidos y que cada uno de ellos tiene su forma muy particular de decodificación; lo cual hace que al utilizar todos nuestros sentidos, sumados a nuestras experiencias y creencias, podamos reconocer el mensaje y decidir si éste tiene sentido para nosotros o no. Si bien es cierto que las empresas y las marcas enfocan sus esfuerzos hacia la adopción de mensajes, también es un hecho que es el “cliente interno o externo” quien decide dónde, cuándo hacer los que se sugiere en el mensaje, en qué formato o cómo comprar el producto o la idea; en este sentido, las organizaciones deben estar preparadas para alcanzar e impactar a sus colaboradores o clientes en cualquier circunstancia.

Y para profundizar un poco más en el tema, una de las estrategias para establecer fuertes vínculos con los consumidores es el marketing sensorial. Este tipo de marketing evalúa los canales de entrada y se vale de los cinco sentidos para despertar sensaciones en el público objetivo que los conecte con la marca, evitando el olvido y acelerando la fidelización.

El desarrollo de una estrategia de marketing sensorial implica mayores recursos con los que no necesariamente cuenta una empresa; sin embargo, existen estrategias de marketing visual que pueden remitir al consumidor a sensaciones utilizando únicamente la vista.

Sin afán de confundirlos, quiero comentar que no nos hemos desviado del tema, seguimos hablando de comunicación; el hecho de haber integrado al marketing no nos saca de nuestro core, al contrario nos abre a una nueva visión, una visión de 360° en donde los profesionales de la comunicación organizacional pueden brincar la delgada línea poniendo en marcha estrategias de mercadotecnia o publicidad para generar, como los expertos del área lo llamarían, una “love brand” de su propia marca, con su propia gente y que promueva el “engagement” en los más altos niveles.

Estamos obligados a renovar nuestros métodos, nuestras estrategias y nuestras herramientas, que nos permitan enfocar nuestra atención en los resultados, no en los procesos; debemos tener indicadores del impacto que nos permitan reinventarnos en este tan maravilloso y basto mundo de la comunicación.

Ante esta perspectiva, considero que el reto para los expertos en este tema no es avanzar con la innovación, sino adelantarse a la misma configurando continuamente nuevas mezclas, diseñando canales propios que permitan la transmisión efectiva de mensajes. Es importante tener siempre presentes los cambios, ningún cambio es pequeño, excepto los que nos negamos a ver.

 

Esto es lo que pienso yo… ¿y tú qué opinas?