Cada vez que escucho hablar de comunicación, me encuentro con un fascinante mundo que encierra una diversidad de conceptos y prácticas que rara vez se logran entrelazar entre ellos debido a las múltiples propuestas que cada experto o empresa adoptan para dar solución a las diferentes necesidades de comunicación y difusión. La comunicación puede ser un concepto muy sencillo en la teoría pero que puede resultar tan complejo al llevarlo a la práctica en cualquier contexto; personal, organizacional, social o comercial, debido al gran número de opciones que existen para hacer llegar nuestro mensaje a los diferentes grupos que deseamos impactar.

Anthony Robbins decía: “Para comunicarse de manera efectiva, debemos darnos cuenta que todos somos diferentes en la forma en que percibimos el mundo…”. La frase anterior puede sonar a algo muy repetitivo pero si lo llevamos a un campo profesional representa uno de los grandes retos de la comunicación, entender las características y necesidades específicas de nuestros interlocutores nos permite generar una comunicación acorde a sus expectativas y a la vez más significativa para ellos.

En un análisis profundo de esta última aseveración, las primeras preguntas serían: ¿cómo decodificar a mi interlocutor? ¿cómo hacer significativo un mensaje?; y uniendo ambas, ¿cómo hacer que el esfuerzo de comunicación impacte a un grupo y sea significativo?. Lo primero sería abrir nuestros sensores a observar, analizar y evaluar, cual es el adhesivo cultural en el caso de los grupos, que creencias comparten, que significados convergen en los símbolos que los manifiesta como grupo y a partir de esto, se desarrolla un mensaje provisto de elementos de su propia cultura. Desde mi punto de vista, el éxito de la comunicación actual consiste en encontrar la combinación exacta de medio, canal, formato y mensaje que confieran sentido al público que deseamos enamorar.

Siguiendo con los mensajes significativos, es importante considerar más allá de las características demográficas, que recibimos, aprendemos y construimos nuevos aprendizajes a través de nuestros cinco sentidos y que cada uno de ellos tiene su forma muy particular de decodificación; lo cual hace que al utilizar todos nuestros sentidos, sumados a nuestras experiencias y creencias, podamos reconocer el mensaje y decidir si éste tiene sentido para nosotros o no. Si bien es cierto que las empresas y las marcas enfocan sus esfuerzos hacia la adopción de mensajes, también es un hecho que es el “cliente interno o externo” quien decide dónde, cuándo hacer los que se sugiere en el mensaje, en qué formato o cómo comprar el producto o la idea; en este sentido, las organizaciones deben estar preparadas para alcanzar e impactar a sus colaboradores o clientes en cualquier circunstancia.

Y para profundizar un poco más en el tema, una de las estrategias para establecer fuertes vínculos con los consumidores es el marketing sensorial. Este tipo de marketing evalúa los canales de entrada y se vale de los cinco sentidos para despertar sensaciones en el público objetivo que los conecte con la marca, evitando el olvido y acelerando la fidelización.

El desarrollo de una estrategia de marketing sensorial implica mayores recursos con los que no necesariamente cuenta una empresa; sin embargo, existen estrategias de marketing visual que pueden remitir al consumidor a sensaciones utilizando únicamente la vista.

Sin afán de confundirlos, quiero comentar que no nos hemos desviado del tema, seguimos hablando de comunicación; el hecho de haber integrado al marketing no nos saca de nuestro core, al contrario nos abre a una nueva visión, una visión de 360° en donde los profesionales de la comunicación organizacional pueden brincar la delgada línea poniendo en marcha estrategias de mercadotecnia o publicidad para generar, como los expertos del área lo llamarían, una “love brand” de su propia marca, con su propia gente y que promueva el “engagement” en los más altos niveles.

Estamos obligados a renovar nuestros métodos, nuestras estrategias y nuestras herramientas, que nos permitan enfocar nuestra atención en los resultados, no en los procesos; debemos tener indicadores del impacto que nos permitan reinventarnos en este tan maravilloso y basto mundo de la comunicación.

Ante esta perspectiva, considero que el reto para los expertos en este tema no es avanzar con la innovación, sino adelantarse a la misma configurando continuamente nuevas mezclas, diseñando canales propios que permitan la transmisión efectiva de mensajes. Es importante tener siempre presentes los cambios, ningún cambio es pequeño, excepto los que nos negamos a ver.

 

Esto es lo que pienso yo… ¿y tú qué opinas?